Teresa Losada, Compartir la vida con los hermanos musulmanes

Conocimos a Teresa ya hace años. Recuerdo la charla que nos dio en el retiro comunitario celebrado en Tarrés el 29 de noviembre de 1998, tanto por lo que nos dijo como por el tono vigoroso, lleno de entusiasmo y pasión con que nos habló. Un entusiasmo difícil de encontrar en muchos cristianos cansados y desencantados de nuestra sociedad. Con los años nos hemos ido encontrando y comunicando, con una coincidencia y admiración común por el mensaje de Carlos de Foucauld. Ella ha venido a Joan Blanques con motivo de diversas visitas y charlas del P. Michel Lafon en Barcelona. Teresa nos había manifestado la admiración por su testimonio de acogida y convivencia con los musulma-nes, tanto en la ermita del P. Albert Peyriguère de El Kbab en la zona del Atlas Medio de Marruecos, como última-mente en Francia en su tiempo de descanso y retiro.

Teresa asistió en el encuentro de la Comunitat de Jesús con Michel Lafon en Tarrés el 16 de enero de 2005. Recordamos unas palabras que el ermitaño de El Kbab nos decía aquel día: “Todo musulmán, todo no-cristiano rehúsa cual-quier proselitismo, cualquier acción, cualquier discurso con vistas a atraerlo para que se una a nosotros. Se trata más bien, dice el P. Peyriguère, de poner en práctica las máximas del hermano Charles “rezar el Evangelio en silen-cio”, “Gritar el Evangelio con la vida”... escribía también: “Las personas alejadas de Jesús tienen que conocer el Evangelio viendo mi vida, sin libros y sin palabras..., al verme, tienen que ver aquello que es Jesús”. Y este programa es mucho más exigente que hacer un discurso... manifestar la presencia de Cristo por nuestra bondad, por nuestra amistad. ¿Sabéis lo que los musulmanes esperan de los cristianos, cuando leen en el Corán estas palabras puestas en boca de Dios: “hemos enviado a Jesús, hijo de María, les hemos dado el Evangelio”? ¿“Hemos establecido en los corazones de los que los siguen bondad y compasión” (57, 27)? Esta forma de misión en un mundo no-cristiano, en el que no es tiempo del apostolado directo, del anuncio explícito de la Buena Nueva, el P. Peyriguère lo ha comparado al tiempo de la vida de Jesús en Nazaret que precede al tiempo de la enseñanza por la palabra durante su vida pública.” (Més a prop 25, febrero 2005)

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