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Sor Magdalena Rivera Albiol, clarisa

«Sí, mi encuentro con Jesús será un encuentro de amor, porque ya lo es ahora en la fe. Mi espíritu se funde en el suyo, es una intimidad de Amor y, en medio de tantas cosas, ésta es la fuente de mi paz, de mi confianza y mi íntima felicidad. La muerte será un abrazo de amor.»
 
Así me escribía sor Magdalena en los días en que me comunicaba alborozada la gran noticia. Le acababan de diagnosticar un cáncer irreversible que le abriría las puertas de la gloria. Veía cercana la hora del abrazo nupcial con Jesús. El apasiona-do amor que siempre sintió por el Señor, se manifestaba ahora incontenible.
 
Concentró su esfuerzo en dos propósitos: el primero ayudar a la comunidad tanto como sus fuerzas se lo permitieran. «Realmente me esfuerzo mucho. Desde el pri-mer día lo he dicho: en cuanto me sea posible mantendré la normalidad, por mí y por vosotras.» El segundo, manifestar gratitud, ánimo y alegría, evitando ser causa de tristeza. Sor Magdalena hizo de su vida una oblación generosa no siempre com-prendida. Al final ha resplandecido el tesoro escondido, pues un testimonio de fe tan firme no se improvisa.

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Testimonio publicado en Cataluña Cristiana y Més a Prop 52: