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Evangelizarnos en la Plataforma de Afectados por las Hipotecas


Rufí Cerdán
Foc Nou, mayo-julio 2013
Artículo reproducido en el Més a Prop 52

La crisis, una gran estafa del capitalismo más vergonzante, ha generado un nuevo tipo de empobrecidos procedentes de las clases trabajadoras y medias. Son personas que se creyeron las mentiras de los usureros que prometían un futuro de abundancia para todo el mundo, cuando en realidad lo que pretendían estos usureros eran beneficios especulativos a corto plazo, sólo para ellos.
Cuando se ha hundido el castillo de naipes, los que se endeudaron perpetuamente buscando disponer de una vivienda digna y en propiedad, se han quedado sin ingresos y ahora son perseguidos por el sistema bancario que los extorsiona hasta robarles el pan de sus hijos. El sistema ha consagrado la deuda financiera de los estados como bien colectivo que se está por encima de los derechos de las personas, y lo ha hecho cambiando la “sagrada constitución” en quince días y a golpe de teléfono de los representantes del gran poder financiero internacional. No nos podemos imaginar una mejor representación de la sacralización del dinero como valor supremo del sistema capitalista que nos han impuesto. No podéis servir a la vez a Dios y al dinero (Lc 16,13), ya advertía el Evangelio.
Las fuerzas políticas, en su gran mayoría, han sido cómplices activos o mudos en este proceso, en el cual las únicas resistencias activas han venido de parte de aquellos que se declaran en contra del sistema porque el sistema está contra las personas. La Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) ha sido el refugio de los que se atreven a hacer frente a una injusticia descomunal, que provoca un dolor tan intenso en algunas personas que las ha inducido a poner fin a sus vidas; y es, en estos momentos, el colectivo que mejor visualiza la lucha de resistencia contra el núcleo del poder financiero del sistema capitalista. Es uno de los lugares donde Dios quiere que esté presente su Hijo (Lc 4, 18-19), escuchando el clamor de los oprimidos (Éxodo 3,7-9).
A la PAH, los que habían quedado mudos y sin voz, ahogados por los que los culpabilizaban de su suerte, ahora han recuperado la voz, y su clamor se empieza a sentir con una fuerza creciente (Mc 7,31-37).
En la PAH, muchas personas que habían quedado cegadas por las promesas del sistema, empiezan a ver claro y de golpe les cae la venda de los ojos y se reconocen, no como culpables, sino como víctimas (Mt 11,5).
En la PAH, los que lloran reciben consuelo (Mt 5,4). En la PAH muchas personas que se encuentran al límite de su capacidad de soportar el dolor, recuperan la salud saliendo de la depresión (Mt 4,23-24).
En la PAH, algunas personas sacan los “malos espíritus” que el sistema les había inculcado y empiezan a ver una posibilidad de ser felices sin vivir ambicionando riquezas (Mt 1,21-28).
En la PAH se practica la multiplicación de los panes y de los peces, porque todo el mundo pone en común lo que tiene, y experimenta la plenitud de compartir (Mt 14,13-21).
En la PAH se vive la gratuidad del amor solidario de quienes comparten desde el corazón (1 Jo 3,13-18).
Cristo se encuentra entre los crucificados de la PAH, y su lucha y la vida que generan es hoy un espacio que nos evangeliza.